Una sociedad sin humanidades

“Todos los hombres por naturaleza tienen el deseo de saber”
Aristóteles. Metafísica

 

Nada se cuestiona mientras la realidad individual no sea perturbada. Todo inicia con una pregunta o una afectación. Para el hombre existen preguntas por el fundamento y preguntas vitales. Las primeras se refieren a una inquietud voluntaria por encontrar una respuesta. En cambio, las preguntas vitales son el resultado una la realidad inmediata del individuo que ha sido trastornada externamente haciendo evidente un mundo que ha dejado de ser coherente y lo ha posicionado en un estado de angustia que necesita responder. Es la afectación directa en el individuo donde se logra un cambio en el fundamento y el concepto se convierte en realidad. Es un arrebato sobre la voluntad que rompe el sentido para deja a su paso una ausencia. El hombre no puede vivir en ese estado y para sobrepasarlo necesita de la pregunta. Las preguntas por el fundamento permiten, a través de la empatía con los afectados, establecer una relación que permita abordar el tema como una inquietud intelectual. El hombre necesita del otro para encontrar una respuesta porque en ese otro se reflejan las esperanzas de encontrar una nueva forma de ver las cosas: una respuesta.

En las humanidades se encuentra el producto de aquellos hombres que se han reconocido como posibilidad y que en ellas se puede vislumbrar una respuesta a las preguntas vitales y fundamentales. Una educación desprovista de humanidades está condenada a mantenerse en una sola perspectiva, cerrándose a las posibilidades y rechazando todo aquello que sea distinto. En una sociedad cerrada la coherencia y la reflexión manipulada son elementos suficientes para mantener su existencia.

El tipo de conocimiento que actualmente se predica se encuentra circunscrita a la utilidad y el control de los objetos en el mundo, asumiendo o negando que sea necesario que el individuo se comprenda a sí mismo y su relación con los otros en el mundo. Este tipo conocimiento garantiza una actuación coherente en el mundo pero sin la capacidad de entenderse a sí mismo porque las preguntas son encausadas a los intereses predominantes. Con esta falta de entendimiento se tergiversa el sentido en el uso de algunas palabras como la tolerancia. El hombre acepta al otro no porque reconozca y acepte su lugar y derecho que tiene de estar en el mundo sino porque lo ignora, porque ha dejado de ser posibilidad para ser simplemente un recurso. De esta forma las humanidades quedan superadas por la utilidad.

El odio es resultado de la ignorancia que se tiene sobre uno mismo y hacia los demás. Quien haya sido despojado de su dignidad humana pierde la oportunidad de verse como posibilidad y a reclamar ese derecho. Para quienes han sido marginados desde un inicio del ámbito social esta dignidad se reclama de manera instintiva y sólo se expresa a través de su forma primigenia: odio, grito, violencia, etc. Para lo tanto, es necesario plantear un tipo de conocimiento que permita subsanar las deficiencias del modelo social desde las preguntas vitales y fundamentales que lo afectan.

 

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